El servicio por horas es la puerta de entrada más habitual a la asistencia domiciliaria. Funciona bien cuando la familia todavía puede sostener buena parte del cuidado pero necesita cubrir franjas concretas: el aseo de la mañana, la comida, la tarde mientras se trabaja o el rato en que nadie puede estar en casa.
Trabajamos desde un mínimo de dos horas por visita, porque por debajo de ese tiempo no se puede hacer un cuidado digno: hay que llegar, situarse, atender sin prisa y dejar la casa en orden. A partir de ahí, el horario lo marcas tú y se puede cambiar de una semana a otra si la situación evoluciona.
No hay permanencia. Muchas familias empiezan con dos mañanas a la semana y acaban ampliando; otras lo usan solo durante una convalecencia de un mes. Las dos cosas están bien.
Qué incluye
- Aseo personal, higiene y ayuda para vestirse
- Control y administración de la medicación pautada
- Preparación de comidas y supervisión de la nutrición
- Acompañamiento a citas médicas y gestiones
- Compañía, conversación y estimulación cognitiva
- Recados, compras y pequeñas tareas del hogar
Para quién tiene sentido
- Personas mayores con autonomía parcial que viven solas
- Familias que trabajan y necesitan cubrir una franja del día
- Convalecencias tras una operación o un ingreso
- Dar respiro al familiar que cuida a diario



